La Contraseña, revelada.

La Contraseña es más que un restaurante con una cuidada cocina, con una carta elaborada, esmerada y en constante desarrollo, muchísimo más que un lugar donde disfrutar de una copa o un cóctel genial. La Contraseña es una sorpresa constante, donde cada día encontrareis un motivo para volver, porque cada detalle cuenta, y aquí los cuidan, y de qué manera.

La Barra

Y vamos a ir revelando, poco a poco, y sin contar demasiado lo que os encontrareis. Situado en la Calle Ponzano número 6, nada más entrar, una preciosa barra de vinos, cerveza y pinchos os dará la bienvenida. Clásica, cuidada y ordenada, más madrileña imposible, ahí empiezan las sorpresas. Fijaos bien en las lámparas, en la cenefa de la barra, la mesas, el suelo de madera, detalles que no deben pasar inadvertidos, porque esos pequeños detalles, ese esmero en ofrecernos algo diferente con muy buen gusto, es solo la antesala de lo que veréis al abrir la puerta de madera a la izquierda de la barra.

Y es que, al abrirla es inevitable volver la vista atrás y asegurarte de que no has entrado en una especie de pasadizo a otra dimensión, ya que esa pequeña puerta nos abre paso a un espacio inmenso, repartido en tres estancias totalmente diferentes, con ambientes distintos, pero a la vez genialmente integrados entre si.

Entrad despacio, observad a vuestro alrededor y empezad a disfrutar de cuadros, carteles, mapas... Todo está cuidado, el primer espacio que encontraréis es una zona de estilo colonial, fijaos en el suelo de nuevo, en las mesas, en los estilos de cada silla, todo perfectamente integrado para hacernos sentir cómodos y disfrutar de una cena espectacular con amigos o pareja.

En cuanto deis un paso más, llegaréis a una antigua vaqueriza reconvertida en un espacio increíble. Aquí Álvaro Oliver Bultó, del estudio Foxium Arquitectura y uno de los socios de La Contraseña, se lució ¡y de qué manera!, un techo acristalado abierto al cielo infinito os dejará con boquiabiertos, plantas tropicales, mesas grandes y pequeñas, sillones de cuero y sillas de hierro perfectamente integradas, y de nuevo pequeños detalles que deberéis descubrir vosotros. Un espacio espectacular, en el que solo tenéis dos opciones, disfrutar, o disfrutar.

Seguimos avanzando y llegamos a un nuevo espacio, un poco más elevado, cálido, coronado por una espectacular barra. De nuevo los detalles: los secretos de La Contraseña están por todos los lados, paredes de madera, lámparas que os recordarán a...., bueno, ¡no lo podemos contar todo!


Y si subís un poco más, esta vez por una escalera que se esconde detrás de la barra, llegareis al Gyn Bar, con un mirador desde donde disfrutaréis de unas vistas del restaurante geniales, metal, madera...no os dejará indiferentes.

Os sentéis donde os sentéis mirad la carta, tocadla, tiene algún secreto, pero no lo vamos a contar, y una vez la toquéis, leedla, porque es maravillosa, no es de esas cartas eternas, con mil opciones, y que tenéis que releer una y otra vez. Es una carta sencilla, tiene de todo, y para todos. La materia prima de calidad es la principal baza de esta carta. Ese amigo tikismikis que siempre pone cara de disgusto con todas las propuestas para la cena, pues ese tiene su plato en esta genial carta: setas de temporada, ensaladas, carnes seleccionadas, pescado fresco, y postres... ¡menudos postres! Caseros, sin gluten, y solidarios, porque hasta ahí en La Contraseña son grandes, (tienen un postre solidario). El chef Victor Soto, con una carrera brillante, prepara una cocina internacional con toques de nueva cocina vasca y francesa.


Nosotros probamos las setas de temporada con huevo a baja temperatura, ahí tenéis la imagen, poco más que añadir, setas de calidad y una gran presentación, espectacular.


Aunque no era celiaco decidí probar su carrot cake sin gluten, preciosa y buenísima, así que si tenéis algún amigo celiaco, tenéis un sitio muy especial donde llevarle.

Y no nos vamos a despedir sin contaros un pequeño secreto que nos enseñó Axel Sosa otro de los socios: El Reservado. Si tenéis una fiesta especial, un acontecimiento que celebrar al resguardo de ojos fisgones, preguntad por el reservado; es de película.

Por cierto, otro detalle más de La Contraseña: Parking gratuito para los clientes en la calle Vargas nº 3.

No tenéis excusa, aquí podéis reservar.